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Todo homicidio es lamentable y particularmente el de la maestra, dijo, para no dejar duda de que Irma fue asesinada: “Un homicidio por un infarto derivado de la situación que estaba viviendo o derivado de una agresión directa”.
Palabras que parecieron encauzadas contra el matonismo verbal de Nahle, quien, por lo visto, creyó que echando mano del gastado recurso de asumirse como víctima de la conspiración de los adversarios salvaría la aplastante realidad: en territorio veracruzano, una mujer sexagenaria apareció muerta una semana después de haber sido secuestrada, y unas horas después de ser obligada a grabar un video, hincada, rodeada por 12 intimidantes personas con armas largas.








