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Foto tomada de la red
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Pristina, Kosovo.– En esta capital de mayoría musulmana hay una estatua del presidente William Clinton, se entra por el bulevar George W. Bush y frente al hotel donde me hospedo hay un busto en bronce de la ex secretaria de Estado Madeleine Albright.
Cuando los serbios mataban a miles de albano-kosovares y cerca de un millón de personas (el país tiene 1.6 millones de habitantes) huían por las montañas a Albania y Macedonia del Norte para escapar de la “limpieza étnica”, el presidente Clinton ordenó los ataques aéreos que frenaron la masacre en los Balcanes.








