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Exupérium. El rastro de los girasoles en el asfalto regio

Gerson Gómez DETONA® El Auditorio San Pedro dejó de ser un recinto de muros sobrios para convertirse en un asteroide suspendido sobre el Valle del Oriente, llega Exupérium, y con ella, la confirmación de la belleza, con esa mirada.
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Por Gerson Gómez
Exupérium: cuando la ciudad deja de ver… y empieza a sentir.
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Esta gala exige desempolvar el lente en esta liturgia del asombro donde la alta cultura y la inclusión social se abrazan sin condescendencia, el brillo de las lentejuelas bajo los reflectores, y el pulso eléctrico para narrar el desfile de vanidades, por una noche, se rendirán ante la pureza de un niño rubio venido de un planeta lejano a darnos lecciones de botánica emocional.

Exupérium propone una inversión de valores, aquí, el capital no se mide en acciones, sino en la capacidad de asombro, la compañía Danza Aptitude Monterrey, bajo la batuta de la resiliencia, nos arroja a la cara la premisa de Saint-Exupéry.

Lo esencial es invisible a los ojos, los cuerpos danzan rompiendo las barreras de la norma.

El escenario promete hervidero de talentos sacados de la literatura, Ariel López Padilla y Marcos Valdés aportan ese peso escénico detenido el tiempo, mientras la voz de Rodrigo Garciarroyo se eleva como un rascacielos de cristal en medio del auditorio.

Las puntas de los bailarines del Ballet de Monterrey y su Escuela, hay algo profundo en el rigor de la danza clásica mezclado con la espontaneidad de Danza Aptitude.

Es el estilo radical, la elegancia no teme mancharse de humanidad.

Cierro los ojos, el Auditorio San Pedro, no es el aroma a café de cortesía o a perfume de diseñador de la fila 5, huele a papel de libro de primaria, a arboles recién podados y a esa nostalgia de Saint-Exupéry clavado en el pecho como una espina de rosa caprichosa.

Los invitados no son solo nombres en una marquesina, son los testigos de un experimento estético donde la inclusión no es una cuota política, sino una explosión artística, cuando el talento de Danza Aptitude toma el centro, el cinismo de la gran ciudad se desmorona.

Un Asteroide Regiomontano

Exupérium no es solo una obra inspirada en El Principito, el recordatorio de Monterrey tiene corazón, la gala para recordar somos responsables de lo domesticado, la ciudad a veces olvida jugar.

El 19 de marzo, el Auditorio San Pedro se convierte en un desierto donde lo único importantes es encontrar un pozo de agua con aroma a música y a baile.

La función está en el asteroide B-612 acabado de aterrizar en San Pedro, vimos con el corazón.