¿Por qué crecen los fraudes inmobiliarios entre regiomontanos?

Edificios nuevos por todos lados, torres que crecen como si la ciudad estuviera compitiendo consigo misma, capital extranjero directo, sueldos más altos, demanda de vivienda vertical disparada.
Pero, como suele pasar en el crecimiento urbano acelerado, donde hay velocidad también hay opacidad.
Y donde hay dinero fácil, aparece, decía Hans Kelsen, el incentivo para romper las reglas.
La pregunta no es si hay fraudes, la pregunta es por qué hay tantos.
Y es que, francamente, la demanda es tan alta que la gente compra sobre planos, en preventa, sin ver nada construido.
Digamos que a la buena de Dios.
Entrega millones de pesos confiando en promesas vagas, y ahí aparece el primer problema: contratos vaporosos, sin cláusulas robustas, sin penalizaciones claras, sin garantías reales.
Es decir, una triste asimetría entre desarrollador y comprador.
La Fiscalía se atiborra de casos, las carpetas se acumulan, y eso genera algo todavía más grave que el delito: la percepción de impunidad.
Cuando el sistema no castiga, el mensaje es evidente: el riesgo de defraudar es bajo en tierras regiomontanas.
Por increíble que parezca, la regulación de preventas llega apenas ahora, en 2026.
Es decir, todo este boom creció en una zona prácticamente desregulada, y entonces llegó lo que yo llamo la tormenta perfecta.




