Gracias


Pero de alguna manera todos tenemos ese momento del año en el que, sin querer, te cae el veinte de que ya casi se acaba el calendario… y empiezas a hacer inventario emocional.
Y no el romántico. El real.
Porque uno no agradece desde la paz interior y el equilibrio espiritual.
Uno agradece desde el cansancio, desde el “ya quiero que se acabe el año”, desde el “¿qué fregados pasó en septiembre?”.
Agradeces porque volteas y dices: “bueno… sobreviví. Algo debo estar haciendo bien”.
Y eso ya es un logro.
Hay cosas que uno agradece aunque no lo diga en voz alta.
Como la gente que no se fue cuando estabas insoportable.
Los que no te cancelaron.
Los que aguantaron tus silencios de WhatsApp, tus malas rachas y tu “ando ocupado” que en realidad significaba “ando medio jodid…”.
Esa gente vale más que cualquier pavo.
También están los que sí se fueron.
Y aunque duela aceptarlo, a veces también toca darles las gracias.
Por el espacio, por el aprendizaje, por demostrarte que tú también te puedes reinventar cuando te quedas solo con tus pensamientos y un Domingo en la noche más largo de lo normal.






