
Václav Havel.
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Había dado un paso fuera de las convenciones y las mentiras del socialismo real, y su pena era perder la libertad.
El mismo año de 1978 en que lo encarcelaron, luego de meses de arresto domiciliario, escribió uno de sus más célebres ensayos: “El poder de los que no tienen poder”.
Valiéndose de la explicación que daba su vendedor de verduras para tener siempre en el puesto un letrero que decía “Trabajadores del mundo, uníos”, en el que obviamente el verdulero no creía, Havel penetró en el secreto mayor del orden socialista de Europa central: la aceptación colectiva de las reglas del juego totalitario.
La oficinista que compraba verduras en el puesto tenía un letrero parecido en su escritorio, en el que tampoco cree.








