La banalidad de la política moderna: un síntoma de la pobreza humanística existencial

Carlos Chavarría DETONA® Aunque a diario asistimos a la innegable realidad de una política vacía y concentrada en el sostenimiento de las narrativas dictadas desde el poder de la más baja calaña moral, resulta increíble que como humanidad civilizada que nos preciamos de ser, solo continuemos con el día a día sin considerar la excesiva exposición a las amenazas que se lanzan entre todos los países y que se muestran sin pudor alguno.
Por Carlos Chavarría
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Los signos de la banalidad política se manifiestan cuando la vida política se vuelve superficial, carente de pensamiento crítico y dominada por la rutina, la burocracia o la desinformación.

Este concepto, inspirado en la "banalidad del mal" de Hannah Arendt (1999), se aplica a la política contemporánea para describir una apatía generalizada que debilita el sistema democrático.

 ¿En qué momento el escándalo mediático superó a la sobriedad política en la esfera pública nacional?, ¿cuándo la descalificación se impuso al debate de las ideas en las naciones?.

Estas y otras preguntas surgen permanentemente al ver cómo la esfera pública se ha ido transformando drásticamente desde lo que se denominaba una sociedad política sobria hasta la banalización de la política, cuyos derivados directos son la farandulización y teatralización de la discusión pública.

 

Carlos Chavarría
Ingeniero químico e ingeniero industrial, co-autor del libro "Transporte Metropolitano de Monterrey, Análisis y Solución de un Viejo Problema", con maestría en Ingeniería Industrial y diplomado en Administración de Medios de Transporte.