
Es la reforma electoral que, según lo anunciado, devolverá al gobierno el control del INE, diluirá la representación proporcional y reducirá el financiamiento público de los partidos políticos.
El sábado, la presidenta Sheinbaum anunció que Pablo Gómez será el responsable de la reforma.
Muy rápido, en medios y en redes, se entendió el sentido del nombramiento.
En manos de Pablo Gómez, la reforma electoral será todo lo antidemocrática que pueda ser, vestida con todos los trucos legales aprendidos por Gómez en su larga carrera política, hecha, toda ella, gracias a sucesivas reformas electorales que abrieron el camino a la oposición.
Justo el camino que Gómez va a cancelar.
Este largo beneficiario de la representación de las minorías, es ahora partidario confeso de una reforma electoral que restrinja y aun cancele la existencia de minorías, que devuelva el INE al control del gobierno y que reduzca el dinero que se entrega a los partidos como instituciones de interés público.








