La diplomacia del futuro y la emoción inmediata
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Hoy, a quince años de aquel evento que sembró la esperanza de que las tecnologías de información se convertirían en un aliado de las sociedades, se ha desvanecido.
Porque si bien las multitudes equipadas con medios digitales triunfan en sus primeras manifestaciones, el uso de nueva tecnología no garantiza que los valores que prevalecerán serán los de los inventores de los aparatos, o incluso los de la mayoría de la multitud.
Más aún: las mismas tecnologías utilizadas para convocar manifestaciones también pueden usarse para seguirles la pista y acabar con ellas.
Hoy la mayoría de las plazas públicas de cualquier gran ciudad están sujetas a videovigilancia constante, y cualquiera que tenga un smartphone puede ser rastreado electrónicamente en tiempo real. Como concluyera un sondeo reciente: «Internet ha hecho que seguir la pista sea más fácil, más útil y más barato» (Kissinger, 2014, p. 306).








