La maldición del ´legado’


La vieja frase de Carlos Marx, con la cual abrió “El Manifiesto Comunista" (escrito junto con Federico Engels) se puede parafrasear en México, pero como farsa y tragedia.
- ¿En qué momento se infectó Andrés Manuel López Obrador del delirio de grandeza?
- ¿Fue durante sus años priistas (de 1976 a 1988) de oscuro militante y funcionario?
- ¿Deriva de la alguna circunstancia de su vida familiar en Tabasco o durante sus años de estudiante en la UNAM?
La obsesión con el legado, entendido como la disposición testamentaria de bienes y derechos concretos (en este caso, “bienes y derechos políticos”) a un legatario (Claudia Sheinbaum, “el pueblo”, etcétera), le ha nublado el entendimiento de manera tal que, en realidad, no quiere entregar nada de poder a “la legataria” que lo sucederá en la presidencia de la República.
Es decir, el legado es para él mismo, no para el legatario, mientras viva.
O eso parece dar a entender con sus actitudes públicas a partir del 3 de junio, después de la jornada electoral del día anterior.
Habiendo ganado la presidencia de la república con un margen de dos votos a uno de la candidata morenista frente a la opositora, y mayorías en el Congreso y el Senado, ¿cómo es posible que la transición de poder dentro de un mismo partido (Morena) no sea tersa y estable, sino al contrario, tensa y desestabilizadora para el país?
No entiendo, de veras, cómo pueden los ganadores avasallantes de una elección enredarse de tal manera con el proceso de transición hacia el nuevo gobierno nacional que arrancará el día 1 de octubre.

