La necesidad de la rehumanización: un llamado a recuperar el sentido perdido

Hace menos de un siglo, Antoine de Saint-Exupéry, en su obra póstuma Citadelle, escribió una sentencia que resuena con una vigencia inquietante: “Los hombres dilapidan su bien más preciado, el sentido de las cosas” (Saint-Exupéry, 1948).
Malgastar el sentido, en efecto, es una de las claves más eficaces para comprender las profundas decepciones de las personas deshumanizadas y el vacío que subyace a la violencia y la adicción en general.
El fenómeno de las actitudes violentas y las adicciones no se limita a configurar un mero camino de autodestrucción individual, sino que revela una profunda fragilidad en la condición humana.
Estas conductas, al sumergir al ser en la soledad personal, no solo desarticulan al individuo, sino que, en una extensión trágica, se convierten en el síntoma de una sociedad que, en su esencia, ha normalizado el desamparo de sus miembros.
La autodestrucción individual, entonces, no es un acto aislado, sino el reflejo de una vulnerabilidad colectiva que ha sido desatendida.








