La peligrosa ética del tecnopragmatismo climático: ¿una coartada para ignorar el futuro?

Carlos Chavarría DETONA® El debate se reabre en el contexto de la COP30: líderes de opinión como Bill Gates defienden que la tecnología nos salvará del calentamiento global, minimizando la "amenaza existencial". Esta postura, que desprecia las evidencias y la ciencia preventiva, no es optimismo; es un grave déficit de responsabilidad moral hacia las generaciones futuras.
Por Carlos Chavarría
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El "tecno-pragmatismo climático" combina la filosofía del pragmatismo, que se enfoca en las acciones y los resultados concretos, con el uso de la tecnología para abordar el cambio climático.
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En las vísperas de la cumbre climática de las Naciones Unidas en Belém, Brasil, el filántropo Bill Gates aplico una sentencia que polariza el debate global.

Su tesis es simple y seductora: el cambio climático, aunque grave para los más pobres, "no provocará la desaparición de la humanidad".

Por lo tanto, argumenta, es más pragmático destinar recursos limitados a problemas "más inmediatos" como la pobreza y las enfermedades, dejando que la innovación tecnológica se encargue de la adaptación climática futura.

Este mensaje —respaldado por voces "realistas" como Bjorn Lomborg— sugiere que pedirle a la gente pobre de hoy que haga sacrificios para reducir la temperatura en el año 2100 no tiene sentido, pues esa futura generación será, supuestamente, "bastante más rica" y capaz de resolver la crisis que les heredamos.

Esta narrativa, que prioriza el crecimiento económico actual y minimiza la advertencia climática, no es una hoja de ruta, sino una coartada moral que nos permite eludir la acción previsora en el presente.

Carlos Chavarría
Ingeniero químico e ingeniero industrial, co-autor del libro "Transporte Metropolitano de Monterrey, Análisis y Solución de un Viejo Problema", con maestría en Ingeniería Industrial y diplomado en Administración de Medios de Transporte.