La Presidenta Sheinbaum y el Plan C
En esos tres meses previos a la toma de protesta, la virtual Presidenta Electa Claudia Sheinbaum enfrentará una de sus mayores pruebas políticas: convencer al Presidente López Obrador para que no tome decisiones que le afectarán directamente al gobierno que ella encabezará a partir del mes de octubre.
La impertinente declaración del actual presidente, secundada por el aún presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, Ignacio Mier, sobre la aprobación de la reforma al Poder Judicial en el mes de septiembre, para que ministros, magistrados y jueces sean electos por el voto popular, propició una caída en el principal índice del mercado accionario nacional, así como una devaluación del peso con respecto al dólar.
No ha logrado recuperarse, al contrario, sigue deslizándose con rapidez, llegando al escribir este artículo a casi 19 pesos por dólar, cuando antes de las elecciones se cotizaba a 16.50 pesos.
La Dra. Sheinbaum hizo un intento por tranquilizar los mercados con una llamada al Fondo Monetario Internacional, pero fue insuficiente.
Ante esta situación, sería prudente recordarle al actual mandatario que, por cortesía política, debería dejar pendiente ese paquete de reformas para que sea la presidenta electa quien asuma la responsabilidad analizar si lo promueve, lo suspende o lo modifica, de conformidad a los acuerdos que asuma con los demás actores políticos, no solo con los diputados de oposición, sino también con la sociedad civil organizada.
Algunos historiadores relatan que en la época del período conocido como “Maximato” de Plutarco Elías Calles, ciertos ciudadanos traviesos colocaban un pequeño cartel en el Castillo de Chapultepec, antigua residencia de los presidentes de México, que decía: “Aquí vive el Presidente; pero el que manda vive enfrente”; en alusión al poder político del Jefe Máximo de la Revolución, como se hacía llamar el propio Elías Calles.
En la reciente visita de la virtual presidenta electa a Palacio Nacional, el presidente López Obrador declaró que no pretendía convertirse en una especie de Maximato. Bien haría Claudia Sheinbaum recordarle a su mentor algo de historia Patria y responderle que, si él desea ser el “jefe máximo”, ella puede asumir el papel de Lázaro Cárdenas.




