La reforma electoral

Pretender desaparecer la representación plurinominal no solo es un retroceso democrático, es renegar del mismo camino que llevó al partido gobernante al poder.
Fue gracias a esos escaños que, paso a paso, lograron entrar a las Cámaras de Diputados y Senadores, conquistar alcaldías, gobernar estados y, desde hace siete años, gobernar el país.
La democracia mexicana es cara.
Pero reducir costos no puede convertirse en el pretexto para debilitarla.
Lo verdaderamente urgente es impedir que los partidos reciban dinero sucio, proveniente de actividades ilícitas que distorsionan la competencia política y atentan contra la voluntad popular expresada en las urnas.
Proponer que las autoridades electorales se elijan por voto popular es un error grave, tan grave como lo fue someter a elección directa a los integrantes del Poder Judicial.
La imparcialidad no se construye en campañas políticas, se construye en instituciones sólidas y profesionales.








