La silla de la paciencia

Al benemérito de las Américas. El respeto al derecho ajeno es la paz. El criollo padre Hidalgo, el personaje con pañoleta de Morelos, la valiente Corregidora.
Los correctivos del jalado de patillas. Las fichas en las rodillas en medio del patio de recreo. Los reglazos con el metro de madera. Luego llego el utensilio de metal. Corte escolar de cabello. Nada de greñas largas.
Niñas calcetas hasta la rodilla. Las faldas casi al tobillo. El preceptor salió del salón. Deja encargado a la incorruptible, incondicional y muchas veces inteligente, además de chismosa, en la pizarra. Anotar ahí quienes se portaron bien. Los otros, la inmensa mayoría en el despapaye saludable de volar aviones de papel. Jugar guerras de bolitas ensalivadas con cerbatanas de plumas atómicas.
La carrilla fue cosa de todos los días. Sobrevivimos incluso con la frase a la salida de la escuela, a la vuelta, ahí nos vemos. A tiro cantado, las habladurías de posibilidades para el cerdo ganador o el pusilánime perdedor.
Toda generación lleva a sus inolvidables héroes en hombros.








