Opinión

Los demonios del poder andan sueltos y recorren México

Ernesto Pompeyo Cerda Serna DETONA® En todo siglo y lugar, los demonios del poder tienen historia: una vida que complicar, perjudicar y destruir.
Ernesto Pompeyo Cerda Serna
Por Ernesto Pompeyo Cerda Serna
Foto tomada de la red.
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Su acción se dirige con especial fuerza hacia los débiles, y también hacia aquellos que se creen inmunes: a estos hay que tentarlos, pervertirlos.

Cumplida su misión —perversa, pero curiosamente entretenida— los demonios del poder regresan a sus refugios, cargando pruebas: testimonios, videos, audios, chats de WhatsApp, álbumes fotográficos e incluso acceso a la nube de sus “triunfos”.

Los demonios del poder

Son muchos. 

Sus nombres son tan antiguos como sus efectos. 

Algunos de los más activos hoy en México:

Belial: simboliza el abuso del poder. 

En la demonología, es el demonio de la mentira, la corrupción y la manipulación. 

Habita en gobernantes corruptos y sistemas judiciales injustos.

Gouman: representa la soberbia, encarnada en inquisidores y acusadores arrogantes.

Se manifiesta en el ejercicio autoritario, la falta de humildad y la ceguera de quien cree tener siempre la razón.

Aamon y Lyssa: representan la ira y la furia. 

La ira que destruye la prudencia, que domina a gobernantes impulsivos y peligrosos, cuyas decisiones arrebatadas afectan a toda una nación.

Estos demonios operan sobre personas y sociedades.

En su presencia, surgen fenómenos como:

Ataque demoníaco: daño físico, emocional o espiritual dirigido a opositores o ciudadanos incómodos.

Posesión: control mental o parcial sobre ciudadanos convertidos en fanáticos y serviles.

Vejación: daños patrimoniales, hostigamiento judicial, ruina económica.

Opresión: persecución legal y mediática, marginación y miedo.

Influencia sutil: manipulación de emociones y conductas, alienación y pérdida de sentido crítico.