El legendario Francis Ford Coppola, el director que realizó la saga de El Padrino y desaparecido totalmente ya por décadas, salvo por tres películas mini mini que nadie conoce, regresa con Megalopolis.
Supuestamente la película nos impone que los Estados Unidos es un reflejo del imperio romano y Nueva York es Nueva Roma con todo y maquinaciones políticas y todos los excesos habidos y por haber del desaparecido imperio.
Coppola presenta toda una galería de personajes, comenzando por el ilustre arquitecto Cesar Catilina (Adam Driver) que desea a como sea llevar a cabo su utopía, la ciudad perfecta.
En medio de un torbellino de envidias y odios, venganza y conquistas, el pueblo de Nueva Roma desea saber porque no ven claro ¿Cuál es el futuro que les depara el imperio a ellos?
Megalopolis no es ni visualmente agradable, ni visualmente cómoda
Es una fiesta de acoplar los estilos de Apocalipsis (Apocalypse Now, 1979), Desde el Corazón (One From the Heart, 1981) y La Ley de la Calle (Rumble Fish, 1983) con momentos apantallantes, deslumbrantes que dan paso a saturación en la pantalla.
A parte de un tremendo ejercicio de estilo, hay un exceso de ideas, demasiadas, demasiadas ideas y propuestas llevadas a esa sobre saturación.
No digamos un exceso de personajes que hay un momento no se sabe quien entra y quien sale de cuadro y se pierden entre la cacofonía visual.





