Mexicanos entre dos fuegos, con el gobierno o con el enemigo

RMO:
Buenos días Alfredo, bienvenido una vez más a platicar y compartir tu experiencia y opinión sobre la relación política, económica y social de México y EUA.
¿Qué nos puedes decir de las acusaciones del gobierno norte americano a tres instituciones financieras mexicanas?
AC:
Gracias ti por abrir este espacio.
En este fin de junio, el gobierno de Estados Unidos —ya bajo el segundo mandato de Donald Trump— anunció sanciones financieras contra tres instituciones mexicanas (CIBanco, Intercam y Vector Casa de Bolsa), acusándolas de facilitar lavado de dinero vinculado al tráfico de fentanilo entre China y América del Norte.
Además, se comenzaron a revocar visas y aplicar restricciones a personas cercanas a círculos políticos mexicanos, bajo una política de línea dura basada en la Orden Ejecutiva 14059.
RMO:
También ya se incorporo México a la lista de países enemigos. ¿verdad?
AC:
Aunque no se ha declarado oficialmente a México como un “enemigo”, los hechos revelan una clara estrategia de presión política y económica, disfrazada de seguridad nacional y combate al narcotráfico.
Por su parte, el gobierno mexicano ha exigido pruebas y ha intervenido estas instituciones para proteger al sistema financiero.
RMO:
Esta estrategia de endurecimiento va más allá, ¿no crees?
AC:
Este endurecimiento no solo tensiona la relación bilateral, sino que coloca a México en una posición ambigua y peligrosa: presionado desde fuera por una administración estadounidense que impone su lógica, y limitado desde dentro por un régimen nacional que se debate entre la continuidad y el autoritarismo suave.
En medio de esta tormenta, la educación emerge como campo de batalla simbólico y estratégico.
RMO:
La polarización es un factor importante.
¿Cuáles son las repercusiones?
AC:
En medio de un escenario geopolítico tenso y polarizado, México parece estar atrapado entre dos fuegos: la reconfiguración interna que encabeza Claudia Sheinbaum, marcada por la herencia y ruptura con el obradorismo; y el segundo mandato de Donald Trump, ahora con un proyecto ultraconservador y autoritario más claro, el llamado Proyecto 2025.
Este panorama representa no solo un desafío diplomático y político, sino también una encrucijada educativa.






