

Muchas personas creen que algo puede hacerse, que es posible rescatar a México del abismo en el que se está hundiendo.
Es una ilusión comprensible, aferrarse a la creencia que el país puede revertir el deterioro económico, político, social e institucional, que bastará cierta voluntad popular expresada en calles, medios y redes para recuperar al México democrático y con potencial económico.
Que la administración de Claudia Sheinbaum dará un giro radical atendiendo a esos llamados desesperados, sea por convencimiento propio o al verse forzada a ello para evitar que se incendie (más) el país.
Una esperanza que toma mil formas: que retorne la certeza de poder transitar en una calle por las ciudades y pueblos sin miedo al asalto, al secuestro o a la muerte.
O que regresen los medicamentos a los anaqueles ahora tan vacíos, que la noción abstracta de la justicia se establezca de nuevo, junto con un respeto por la ley, particularmente entre aquellos que hoy se sientan en la Suprema Corte.






