
Claudia, ojalá que seas consciente de la realidad que enfrentarás a partir del 20 de enero, el día en que Donald Trump tomará protesta, de nuevo, como presidente de Estados Unidos.
Mala suerte, sin duda, con Kamala Harris podrías haber buscado cierto terreno común, incluyendo una empatía y ciertas coincidencias ideológicas en un progresismo de izquierda.
Con Harris no hubiera sido una relación sencilla, pero la posibilidad de tender puentes era factible.
Pero por cuatros años, la mayor parte de tu sexenio, en la Casa Blanca estará un republicano que culpa a México, con razón o sin ella, de muchos de los males de su país
El neoyorkino llega con una agenda e ideas claras, muchas de las cuales serán perjudiciales para nuestra nación.
Ojalá que no seas ingenua creyendo que podrás hacerlo cambiar de opinión.
Ya lo intentaron dos de tus predecesores, ambos con mayor oficio político que el que ahora posees: Peña Nieto y López Obrador.
Trump era en esos tiempos un inquilino de la Casa Blanca primerizo, ignorante de las formas de Washington, un empresario dispuesto a acoplarse (en cierta medida) a lo que se consideraba como un gobierno serio y responsable.
Y a pesar de contar con esa ventaja, ambos fracasaron
Tendrás que enfrentar a un líder estadounidense radicalizado en su agenda y dispuesto no solo a cumplir con sus promesas, sino a hacerlo con rapidez, contundencia y espectacularidad.












