Noroña, carroña típica 4T
Orinó en una coladera afuera del baño de una gasolinera por ahorrarse siete pesos, pidió que le ayudaran con dinero para incinerar el cuerpo de su madre, se peleó en un supermercado para no pagar el IVA de un jugo boing (50 centavos).
Rodeado de periodistas y cámaras, exhortó a la población a hacer lo mismo, es quien decía que deseaba tener una casa, pero que no le alcanzaba el dinero para adquirirla.
Un hombre que se presentaba como un típico ciudadano pobre, amolado, siempre buscando ahorrarse unos centavos. Con una ideología de izquierda que, desde su filiación política, inicialmente en el Partido del Trabajo, buscaba mejorar la situación de las mayorías.
Quien también se comportaba en muchas ocasiones en forma humilde, sencilla y con una actitud campechana que incluso atraía simpatía.
Gerardo Fernández Noroña es la misma persona que se acaba de comprar una lujosa residencia de fin de semana, que no casa, por 12 millones de pesos, quien tiene dos camionetas, cada una de millón y medio.
La misma persona que ha encabezado en el último año el Senado tras colarse como precandidato presidencial de la coalición liderada por Morena.
La persona que ahora demanda que se defina qué es lujo. Quien desde su puesto se ha mostrado como una persona prepotente, arrogante y deleznable, el mismo que obligó a un ciudadano de a pie a pedirle perdón en público por un altercado de esos que tanto le gustaba incitar como rijoso opositor.
Encaramado en la percha del poder, ahí sí, muy respondón y provocador con la oposición política a la que hace no tanto perteneció, destacadamente con la senadora Lilly Téllez.
Fernández Noroña no destaca por su hipocresía y cinismo, por la incoherencia que representa su vida como opositor y ahora en el todopoderoso partido gobernante (hace unos meses desertó del PT para afiliarse a Morena).
Porque no es un ave rara, una excepción notable del antiguo proletario que goza la vida, no de burgués, sino de marqués.
Por el contrario, el aún líder senatorial es un ejemplo más de la carroña, esa carne corrompida de lo que era una república, que representa la llamada Cuarta Transformación.
Otro más de los numerosos políticos de ese partido que hoy disfrutan presumiendo las riquezas que se han encontrado desde que llegaron al poder. Se hartaron de criticar el lodo y hoy se atascan en el mismo.
Un caso destacado, pero al fin y al cabo uno más, de esa notable conjunción de ineptitud, soberbia y enriquecimiento súbito en que abundan las propiedades, camionetas, viajes, ropas, relojes y otros numerosos aditamentos que, sin pudor alguno, usan y hasta presumen en sus redes sociales.
Una podredumbre que es generalizada y hoy, además, descarada.
Con un López Obrador escondido, ya no hay quien finja que ellos son diferentes, que critique los lujos y las “camionetas machuchonas”, quien saque el pañuelito blanco y hable de aves que no manchan su plumaje mientras cruzan el pantano de la política.
El tabasqueño era profundamente cínico e hipócrita, pero empujaba a sus correligionarios a no ser (tan) descarados.
En cambio, por conveniencia, incapacidad o complicidad, Claudia Sheinbaum no deja de defender a los numerosos carroñeros que siguen medrando impunemente desde el poder, ahí estaban antes, pero más discretos, ahora la presidenta los defiende con denuedo.