
Les platico:
Cuando era niño, tenía un lugar donde pensaba en cosas importantes.
Le llamaba “mi fuerte”, pero no era eso sino apenas una vetusta pared de la vetusta casa donde pasé mis segundos años.
Mis segundos, porque los primeros fueron en otra casa igual de vieja en el Centro de Monterrey.
"Mi fuerte” estaba en el traspatio y en ella recargado leí el primer libro que convulsionó mi vida, que no fue “El Principito” -como podría pensarse- sino “Demian”, de Hermann Hesse.
“El Principito”, niño aún a sus 80 años
Este recuerdo me llegó así de nítido, cuando antes de dar su conferencia, se sentó a mi lado José Manuel Blanco, encargado de asuntos culturales del Consulado General de Francia en San Pedro Garza García.
Lo reconocí de inmediato, a pesar de que solo lo había visto antes una sola vez, en el evento que conmemoró la creación del primer Consulado General francés en los últimos diez años, a nivel mundial.


