

Digamos: la crisis de la guerra criminal de Sinaloa, la crisis del gusano barrenador, la del retiro de visas a morenistas, la del verano de nuevos ricos de Morena, la del huachicol fiscal, la del cártel de La Barredora en contubernio con Adán Augusto López, la de las inundaciones, la de las protestas estadunidenses por violaciones al T-MEC, la de los productores de maíz, la de los transportistas, la del retiro de rutas al AIFA, la de los plantones de la CNTE, la del asesinato de Carlos Manzo.
No digo que se suman estas crisis, simplemente digo que se repiten en su mal manejo.
No que pongan en riesgo al gobierno, sino que exhiben la pobre respuesta oficial en distintos ámbitos.
Llegó finalmente la manifestación del 15 de noviembre.
Durante días su manejo fue la crónica presidencial de un zafarrancho anunciado.
Buscaban una respuesta anticipatoria y lo fue, de la peor manera.
Crearon primero un ambiente de miedo, hostilidad y descalificación.
Montaron después, en el Zócalo, un escenario de defensa de la Bastilla contra el asalto en marcha, promovido en las redes por la derecha nacional e internacional, por la oposición emboscada, por celebridades escondidas cuyas manos mecían la cuna.






