El cinismo de Pedro Sánchez

"Es bastante ecléctica", dijo sonriente.
Una semana después, como si España no tuviera problemas, Sánchez volvió a las redes desde sus vacaciones, recomendando esta vez tres li
bros para el verano: una novela, un cómic y un ensayo.
Barack Obama hacía algo similar, dando a conocer una lista de lecturas de verano, canciones y películas favoritas de fin de año.
Nadie se lo criticó porque nunca lo difundió en medio de una crisis nacional.
Esta es la diferencia entre el gesto de Obama y el cinismo de Sánchez.
Porque la forma es idéntica, empezando por el tono cercano, la sonrisa franca, el "espero que os guste", pero el momento la vuelve impúdica.
Ya lo dijo el ideólogo mexicano Jesús Reyes Heroles: "en política, la forma es fondo".
Y la forma que Sánchez eligió, en plena crisis, "trae gato encerrado".
No es la primera vez que La Moncloa construye ese espejo.
En 2019 se publicó una foto de Sánchez acariciando a su perro en las escaleras del Palacio, calcada de una que Obama hizo con su mascota en la Casa Blanca.
Otra: cuando estalló la polémica de la tesis doctoral del presidente Sánchez, donde su propio gabinete de prensa la comparó con el "birtherismo", la conspiración que afirmaba que Obama no había nacido en Estados Unidos, sino en Kenia.
La admiración es tan grande que Sánchez viajó a Sevilla en plena precampaña de 2019 sólo para conseguir una foto junto al expresidente estadounidense.
El parecido en el lenguaje corporal, en el ritmo pausado, en el control gestual es similar, es más, caminan exactamente igual, con seguridad y aplomo.
¿Casualidad, coincidencia?
En política no hay casualidades ni coincidencias.
Y ojo, el problema no es que Sánchez imite a Obama, sino que lo replica mientras España sigue en llamas y con miles de personas que amenazan con volver a invadir el territorio.
Sánchez ha elegido una forma de estar ausente, cuando técnicamente está presente, difundiendo, ajeno a los problemas ceutíes, sus preferencias musicales y de lectura con absoluta frivolidad.



