
Puede que sea el síndrome de la salida.
- Es decir, como sabe que ya se va y como jefe supremo del poder ejecutivo y legislativo, y de las fuerzas armadas, pues quiere dejar su huella indeleble en la historia, aunque sea como el malo y loco de la película.
- Puede también que esté jugando al policía bueno y malo, atrayendo hacia sí mismo todas las culpas y dejando libre de pecado a la que sigue en el cargo, sobre todo ahora, que con la sopa de Zambada, se exhibe a los morenos más que coludidos con el crimen organizado.
- Puede que esté mandando la señal de que los únicos chicharrones que truenan son los suyos y que así seguirán tronando, después de que se salga de palacio nacional para irse a La Chingada, como se llama su rancho en los límites de Chiapas y Tabasco…
- Puede que sea lo que sea, pero, estas últimas semanas del sexenio de El Peje tienen sabor a Maximato y preludian un cierre de gobierno como el de Carlos Salinas con el insufrible error de diciembre cuando entró al relevo Ernesto Zedillo, con una crisis entonces económica, y que ahora podría ser política, social e internacional, si sigue jodiendo y picándoles las costillas a los socios gringos, que ya ha hecho saltar en improperios a los embajadores de Estados Unidos y Canadá, que le piden con su dedito diciendo que no, que le baje tres rayitas a la reforma del poder judicial, que ya trae al país en manifestaciones callejeras...
PUEQUE se esté divirtiendo y quiera picar los ojos…
EL PERIODISTA tapatío Jorge Zepeda Patterson, quien escribe en Milenio y regularmente es un defensor de AMLO y la 4T también se pregunta, extrañado ¿qué quiere López Obrador?
A 40 días de salir, y que sigue abriendo frentes de batallas que él no habrá de librar.
Y se extraña de la postura similar al césar romano que incendia todo a su alrededor, como la búsqueda de aprobación de la reforma judicial que enfrenta un paro de los trabajadores y funcionarios del sector.
Un paro que, según el periodista, se pudo haber evitado con un poco de mano izquierda y tolerancia política, pero que además se fue en contra la opinión de Claudia Sheinbaum quien intentó tranquilizar las aguas y abre el presagio de una posible ruta de confrontación entre quien se va y quien se queda, como pasó con Salinas y Zedillo en el fatídico 1994…
PERO, además, por el divino placer de joder, porque Morena y aliados terminarán aprobándola de manera unilateral y el presidente se habrá dado el gusto de propinar una derrota a ministros que terminó viendo como rivales personales. Entonces, ¿el presidente quiere liberar a Claudia de este dolor de cabeza sin que ella se vea obligada a tan ruda tarea?
Jugar al policía malo.
Sirviendo de pararrayos con los socios comerciales gringos y canadienses que están amenazando con terminar el TMec si avanza la mentada reforma judicial.







