
Foto tomada de la red.
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1.
Después de los obligados abrazos a los familiares del difunto, con el consabido “lo siento mucho”, “te acompaño en tus sentimientos” y exageradas loas, no siempre merecidas, a la persona fallecida, sobreviene una atmósfera primero de relajación y luego de franco alboroto.
Las risotadas compiten en sonoridad con los abrazos, y nunca falta el interesado en ligar como quien busca hacer negocios con el primero que se deje.
¿Y el dolor por la muerte?
Ya no se percibe.







