
Acabar con los legisladores de representación proporcional (RP) significa el retorno a la democracia de mayorías, esa que se transformó en la reforma constitucional de 1963 cuando surgen los primeros diputados de partido y así evolucionar en lo actual.
El presupuesto público en los años 70´s del siglo pasado fue exigencia de la izquierda mexicana para poder ser competitivos; en una democracia de apuestas privadas, sabemos que nadie apuesta al caballo más flaco, al que no tiene posibilidades de ganar.
El presupuesto público ayudaba a esos competidores a avanzar, si no ganaban, al menos su proyecto crecía y eso en democracia es mucho pues implica dar voz a las minorías.
Los dos golpes mortales a la democracia representativa y de minorías actual se cocinan en las reformas pretendidas para acabar con la representación proporcional y con el presupuesto público a partidos y candidatos.
Esta reforma no pasa sin el apoyo de los partidos Verde y PT, para ellos votarlo representa la eutanasia, claro, siempre hay atrevidos queriendo saltar de un puente.
La democracia en México se fortaleció con la RP, así es como ganaron posiciones la derecha y las izquierdas comunistas en la segunda mitad del siglo XX.
El presupuesto público y el acceso a los medios de comunicación acercó la competencia electoral, no la igualó, pero permitió que hubiera eso: competencia.








