
Vincent se queda confundido y responde “¿Qué cosa?”, pero su novia Carmen, más lista, le dice: “Cariño, es el olor del dinero, ¡vamos por él!”.
El olor del dinero es lo que trae en estos días de cabeza a empresarios, bancos y casas de bolsa en México (CIBanco e Intercam), con una repercusión particularmente fuerte en Monterrey en la persona de Alfonso Romo y uno de sus negocios, Vector Casa de Bolsa.
Los señalamientos del Tesoro de Estados Unidos sobre presunto lavado de dinero son graves contra su persona y la casa de bolsa, por lo que será en instancias judiciales en donde se determinen las presuntas acciones delictivas y las responsabilidades de cada personaje.
La acusación en contra de Romo no se queda en su persona, pues mucho me temo que será un juicio a la clase empresarial y la cultura de negocios regiomontana, es decir, al ambiente financiero en donde se pueden dar casos grandes de posible lavado de dinero.
Voy a contar una anécdota: yo conocí personalmente al ingeniero Alfonso Romo en el año 2017 en un evento informal en el Club Hípico La Silla, al que él convocó y en donde acudieron activistas de la sociedad civil, integrantes de ONGs y ciudadanos independientes como un servidor.
En ese entonces, Romo dijo a los presentes que quería recoger opiniones y señalamientos sobre las propuestas del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador y Morena, con el fin de elaborar un “plan de gobierno” en caso de que ganara la elección a la presidencia de la república.






