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Escribir contra la ola no resulta fácil.
Esto es especialmente cierto con asuntos que son aparentemente muy claros en términos morales, ya ocurrió cuando insistí en que las pensiones no contributivas no eran una buena idea, a pesar de ayudar a viejitos sin ingresos, porque a cambio perderíamos vacunas.
Y aunque suene bonito apoyar a los ancianos, hacerlo a costa de los niños no sólo es inmoral, sino socialmente dañino.
Ahora es la pobreza.
Se ha reducido notoriamente, si se mide por ingresos, y no hay duda de ello, el incremento excesivo del salario mínimo, la locura de las transferencias, y una buena época de remesas explican este fenómeno.
Qué bueno que haya más familias que alcancen un ingreso suficiente para vivir con cierta tranquilidad. Pero si se trata de un espejismo, entonces ya no es tan bueno.








