Lo sencillo, lo complejo
Todas las culturas comen, pero no de la misma manera
Viernes, 7 de noviembre de 2025, 03:01 PM

Hotel Presidente Intercontinental en Valle Oriente.
PRESIONA YEscucha
Cargando reproductor...
Aun así, cuando me toca hacerlo, lo considero terapéutico: una forma de “agarrar el toro por los cuernos”.
Pero comer fuera es maravilloso.
En España, la mesa es una fiesta.
Se extiende a lo largo de las horas; las sonoras carcajadas llenan el aire mientras los platos van y vienen: aceitunas, pan, vino, historias.
La comida no se consume, vive, respira.
Comer allí es pertenecer, entrelazarse con el sonido y la presencia de los demás.
En Japón, el silencio habla.
Las comidas se desarrollan como ceremonias de respeto: la gracia de los palillos.
Comer se convierte en atención plena, en un diálogo tranquilo entre el hambre y la armonía.
En México, la comida canta a la memoria: maíz y fuego, familia y color.
Cada taco es una historia, cada salsa una confesión.
La mesa aquí perdona, invita, celebra.
Y en Monterrey, la historia de la comida es también la historia del cambio.







