
Aquí ya le platicamos la anécdota que se atribuye a José López Portillo, quien al tomar posesión como presidente, todas las mañanas recibía a las cinco de la mañana una llamada por el “teléfono rojo” de su antecesor para darle una instrucción, cosa que le comentó molesto a su secretario de gobernación, Jesús Reyes Heroles, quien le dijo que él lo arreglaría.
Y efectivamente, al día siguiente y luego de cinco meses de recibir las llamadas tempraneras de Luis Echeverría Álvarez, ya no volvió a recibir ninguna llamada.
El presidente López Portillo le peguntó a Reyes Heroles, que cómo le había hecho y éste le respondió: Nomás desconecté el teléfono rojo y sanseacabó…
TAMBIÉN está la anécdota de Gustavo Díaz Ordaz, quien, siendo expresidente, guardaba silencio sobre cualquier asunto de política.
Una vez, durante el mandato de Carlos Salinas de Gortari, le preguntaron que cómo seguía de sus ojos, pues lo acababan de operar para mejorarle la vista y él contestó: “muy mal, todavía veo dos presidentes”.
Y esa regla de que los expresidentes tenían que guardar silencio, duró casi 70 años con el PRI, hasta que llegó la alternancia con el PAN de Vicente Fox, y así se rompió el encanto, pues el señor de las botas habla hasta por los codos de todo y de todos, lo mismo que Felipe Calderón, con o sin copas.
Y Enrique Peña Nieto, otra vez del PRI, se había quedado callado casi todo el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, hasta que abrió la boca, e buena onda o temeroso, para decir cosas lindas de AMLO, previo a las elecciones donde ganó Morena de nuevo la presidencia, en la figura de Claudia Colita de Caballo Sheinbaum…
CÁLLATE chachalaca…

Y AHORA la pregunta es si Andrés Manuel, que fue priista casi toda su vida, seguirá la tradición del PRI de quedarse callado y ausente de la política o va a meter su cuchara en todo y todos, corriendo el riesgo que le griten a él lo que él le gritó a Chente Fox cuando no se quedaba callado:
“Ya cállate chachalaca”, que pueden ser muchas veces porque AMLO ya dijo que si piensa intervenir en público cuando ya no sea presidente y guarde Dios la hora…
EN EL medio Animal Político, el analista Rubén Aguilar Valenzuela, nos recuerda que en la comparecencia mañanera del siete de junio en la misma semana que se eligió a su sucesora, el presidente López Obrador hizo público que, en el futuro, ya que termine su mandato, solo intervendrá en la vida política en dos circunstancias:
- Si se lo pide la presidenta Claudia Sheinbaum, que asume su cargo el primero de octubre.
- Para hacer valer su “derecho a disentir”…
ESTE AVISO mañanero despertó la sospecha de que Claudia le piensa dar un cargo público a su antecesor, aunque sea de embajador en una tierra lejana, de preferencia al otro lado del mundo como se acostumbró en época de los presidentes de la República emanados del PRI, lo que implicaría que no se fuera a vivir a La Chingada, su rancho en Chiapas en la cercanía de Palenque, aunque por ahora no hay nada que indique que tendrá algún nombramiento…
¿Y ESO de disentir, apá?...
¿CÓMO entender su derecho a disentir? Según el analista existen dos posibilidades.
- Que cada vez que algún crítico o dirigente de la oposición haga declaraciones con las que no esté de acuerdo o no le gusten reaccione.
- Que se reserva este derecho para manifestar su opinión cada vez que no esté de acuerdo con lo que dice o hace la presidenta, lo que suena a una advertencia o una franca amenaza para quien asume el poder el primero de octubre…






