Hay vida después del poder

La transición de la cúspide del poder político a la vida civil ordinaria es un desafío complejo para los expresidentes y exprimeros ministros.
Su influencia, conocimiento y redes de contactos pueden ser activos invaluables; pero también son una fuente de fricción si no se gestionan con cuidado.
El desafío consiste en encontrar un papel que los mantenga comprometidos y respetados, al tiempo que evite su interferencia en los asuntos del gobierno en funciones.
Es un delicado equilibrio.
Hace algunos meses leí el nuevo libro de Jared Cohen, “Life After Power: Seven Presidents and Their Search for Purpose Beyond the White House” (La vida después del poder: siete presidentes y su búsqueda de un propósito más allá de la Casa Blanca).
Convertirse en “expresidente” es ocupar un lugar poco común en la vida de una nación.
Los fundadores de Estados Unidos eran conscientes del problema potencial que planteaban los expresidentes.
Alexander Hamilton se preguntaba:
Lyndon B. Johnson observó alguna vez que “power is where power goes”.
En otras palabras, el poder está en donde está el poder.
Esta frase encapsula una astuta comprensión de la política.
Refleja un enfoque pragmático del liderazgo y la importancia de entender el flujo del poder.
El libro de Cohen cuenta siete historias.
Ofrece un relato apasionante y esclarecedor de cómo pasaron de ser un día presidentes de los Estados Unidos a ser ciudadanos comunes al día siguiente.
Cuenta cómo manejaron problemas muy humanos de ego, finanzas y preguntas sobre su legado y mortalidad.






