

Les platico:
Santiago es un pueblo mágico de Nuevo León y no lo digo en sentido metafórico.
Lo es por denominación de origen nacional y forma parte de los 132 que preside en la asociación respectiva, el buen amigo Carlos Gómez Flores, oriundo del segundo de ellos en NL, Bustamante.
Las recientes tormentas llenaron las presas del Estado y una de ellas, la más emblemática, "Rodrigo Gómez", alias "La Boca", está infectada de basura, producto de dos razones que nada tienen que ver con la cultura y la concientización, sino con la falta de aplicación de reglamentos que existen, pero que no se cumplen por falta de autoridad:
- Escurrimientos descontrolados que arrastran hacia La Boca toda la inmundicia de calles descuidadas.
- Gente cochina que va de paseo a ese lugar y que se pasa por el arco del triunfo la educada pero inefectiva recomendación que pinta la autoridad municipal -presidida por el reelecto alcalde priyista, David de la Peña- en discretos letreritos a la entrada. Uno solo, por cierto.
Sostuve un encuentro no muy cercano en cierto chat que se llama "Plan Santiago", con uno de sus administradores, José Múzquiz.
No llegamos a nada, como sucede en esos "ejercicios" de protagonismo que siguen quienes usan los chats como escaparate de sus afanes de notoriedad.
El punto central de la "discusión", se lo resumí a Múzquiz con esta anécdota, que parece chiste, pero es real:
- Un mexicano sale por carretera de Monterrey a San Antonio, Texas.
- Durante todo el trayecto va a tope en velocidad.
- Va tirando basura por la ventanilla y no lleva puesto el cinturón de seguridad.
- Al llegar a la garita del cruce fronterizo hacia Estados Unidos, pone cara de inocente y apenas toma la carretera de Laredo, Texas a San Antonio, se pone el cinturón de seguridad, conduce a menos del máximo de la velocidad permitida y no tira absolutamente nada de basura por la ventanilla.
Estando en San Antonio, fue un mexicano modelo:
- No tiró basura.
- Cuando condujo su vehículo lo hizo sin rebasar los límites establecidos.
- Cruzó las calles en las esquinas, no a la mitad. Resumen, un orgullo para México verlo en acción del otro lado.
- A su regreso a la tierrita, manejó por la carretera rumbo a Laredo sin tirar basura, con el cinturón bien puesto y sin tirar basura.
- Pero apenas cruzó la garita y se internó en suelo mexicano, ¿qué creen que pasó?
- Se quitó el cinturón de seguridad como si trajera una camisa de fuerza.
- Le metió al tope de velocidad en la carretera rumbo a Monterrey y volvió a tirar basura por la ventanilla.
- Al estar en la Ciudad, cruzó las calles por la mitad, por arriba por abajo, por todos lados, menos por las esquinas.
¿El tipo ese cambió su cultura al estar en Texas? ¿Se volvió consciente apenas comenzó a respirar aire gringo?
¡N´ombre! Es el mismo patán.
Entonces ¿qué lo hizo cambiar tan dramáticamente, primero en un sentido para bien y luego en otro, para mal?
- Ese no fue un cambio, ¡fue una mutación bien cabrona!, por el poco tiempo que transcurrió entre una y otra.
- Cambió al estar en Texas por la sencilla razón de que allá, si cometes una falta, la pagas.
Multa y bote. Por eso la célebre frase que se ve allá por todos lados:







