
Cuando se escribe por actores quienes vivieron, presenciaron o recopilan testimonios de los sucesos, decimos que es historia presente, historia vivida o crónica histórica.
En esa narración hay la posibilidad de un sesgo originado por filias o fobias del escritor.
La historiografía es la representación escrita de los sucesos o el reporte de una investigación y por tanto, está expuesta a los vicios surgidos por la subjetividad del cronista o el investigador, la manipulación provocada por afectos y desafectos o a causa de la intencionalidad política del momento historiado.
De ello deriva la existencia de héroes y villanos en la narrativa histórica.
Existen dos frases retóricas recurrentes las cuales no necesariamente son exactas:
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“la historia la escriben los vencedores.”
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“quien no conoce la historia corre el riesgo de repetirla”.
La historia nacional en todo tiempo y etapa fue escrita por vencedores y derrotados.
Sucede que frecuentemente son aminoradas, ensombrecidas o despreciadas las versiones narradas desde lejos del poder.
Tampoco es cierto que se repite por desconocimiento; al contrario, hay más posibilidades de reproducir fragmentos de la historia cuando se le conoce pues se intenta manipular para algún uso político.
Imposible repetirla si el tiempo, el espacio, las circunstancias y los actores son distintos.
Con lo anterior se puede explicar la presencia de villanos en la historiografía, que no necesariamente son villanos por sus hechos históricos.
Para catalogar a un villano o villana, se deben establecer los principios de causalidad, intencionalidad, interés personal, beneficio y otras motivaciones para concluir si un o una personaje histórico en cuestión es villano o villana.







