¿Y la corrupción, apá?

Hablar sobre la corrupción puede resultar un tema agotador; cotidianamente se refiere a que uno de los grandes problemas que frenan el desarrollo económico de nuestro país es la corrupción e impunidad asociada.

La Administración Federal 2012 – 2018 fue caracterizada no sólo por la corrupción ominosa en que incurrió, sino por el cinismo e impunidad que la acompañaron: secretarios de estado, directores generales de empresas productivas estatales, gobernadores, presidentes municipales, representantes populares y destacados personajes del entretenimiento se han visto involucrados en escándalos de corrupción.

Recientemente Luis Rubio, en la colaboración que realiza en el periódico Reforma, abordó el tema en dónde recupera investigaciones desarrolladas por la profesora universitaria Yuen Yuen Ang, especialista en China; así como, del profesor universitario de economía Jhadish Bhagwati: El caso es que ambos señalan que no existe evidencia contundente de que la corrupción frene el desarrollo y crecimiento económico de un país.

Las investigaciones indican que la corrupción es un mal que sí influye en el desempeño económico y crecimiento de un país, pero que el impacto en la economía depende del tipo de corrupción predominante.

Es decir, para la profesora universitaria, el crecimiento económico sostenido por décadas en la economía china, la cual se caracteriza por ser profundamente corrupta, deriva del tipo de corrupción de esa nación, donde la elite gubernamental participa y alienta la corrupción, sin que ello suponga la obtención inmediata y directa de las rentas; es decir, no interviene en la malversación o desvío de recursos públicos, sino que mediante el acceso en la toma de decisiones públicas, incide en las políticas públicas y obtiene recursos derivado de la riqueza y desempeño que se va obteniendo.

Esta situación sostiene y ¿mantiene?, las tasas de crecimiento económico de China.

Situación contraria sucede con la India, donde el tipo de corrupción está determinado por la obtención directa e inmediata de beneficios financieros, es decir, desvío de recursos y malversación de fondos, lo que frena el desarrollo económico e impide que amplios sectores sociales salgan de la pobreza en la cual se enfrentan.

En el caso mexicano, los escándalos de corrupción e involucramiento de connotadas figuras públicas, del sector del entretenimiento sobre todo, en casos de corrupción y desvío de recursos revelan qué tan profundamente está arraigada la práctica de la corrupción.

Atajar la corrupción es una necesidad incuestionable e ineludible, su presencia envilece y lastima a la sociedad; erradicarla si bien es una meta, también es un objetivo irrealizable.

Por tal motivo, lo ejemplar debe ser la sanción y castigo para quienes incurran en actos de corrupción.

La mano dura debe de estar sobre todo en aquellos eventos que impactan directamente en la calidad de vida de la sociedad, los cuales tienen que ver con el desarrollo de infraestructura pública, así como los relativos a la educación y salud, donde en nuestro país se han evidenciado actos deplorables.

Alberto Martínez Romero

Licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM. Tiene un MBA por la Universidad Tec Milenio y cuenta con dos especialidades, en Mercadotecnia y en periodismo de investigación por el Tec de Monterrey. Tiene diversas diplomaturas en Habilidades Gerenciales por la Universidad Iberoamericana y se ha especializado en Relaciones Públicas y Atención de Crisis en Comunicación. Ha sido reportero y editor en medios como Reforma y El Universal. Fue corresponsal en Centroamérica para Reforma y Notimex. Colaboró en la realización del libro “La Huelga del Fin del Mundo”, de Hortensia Moreno y Carlos Amador, primer libro que se escribió sobre la huelga estudiantil de 10 meses en la UNAM en 1999.