
El pasado 31 de enero, la UNAM y el Colegio Nacional organizaron un importante seminario sobre el futuro de las relaciones bilaterales México-EU, titulado “El Otro Lado”.
Las ponencias fueron de alto nivel y abordaron un abanico de temas que integran la compleja relación con visión de futuro.
Mi presentación fue sobre la inminente revisión del TMEC.
La cuestión central a mi parecer es si la actitud del gobierno de Trump en lo relativo a aranceles y a la revisión del TMEC busca el fortalecimiento de la integración regional de América del Norte, para hacerla más competitiva frente a China o bien si su objetivo es la división y el desmantelamiento del régimen internacional de comercio y del TMEC.
Las señales son ominosas.
En la transición del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) al Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC) hubo un cambio conceptual.
La idea de integración regional se hizo a un lado y dio lugar a un título que representa una suma de intereses nacionales.
A pesar de ello, el TMEC tuvo como objetivo fortalecer la integración de cadenas regionales de producción. La del sector automotriz es la más obvia y eficiente.
México y Canadá aceptaron elevar el porcentaje en las reglas de origen del sector automotriz, del 62.5% al 75%, para así defender la producción en la región.
También se negociaron nuevos capítulos en temas como comercio electrónico y digital, incorporación de las pequeñas y medianas industrias y combate a la corrupción.
- Se logró un mecanismo de solución de controversias operativo.
- Se incluyeron los capítulos laboral y medioambiental, con énfasis en los mecanismos de implementación, que en el TLCAN no existían, más que como cartas paralelas.






