Claudia y los cazadores de la ciencia perdida



Dos puntos de aclaración:
El primero: solo a las minorías que se quieren imponer sobre las mayorías, por la razón que sea.
Segundo punto: todos somos minoría, en algo.
Por ejemplo, yo soy científico. Y la cantidad de científicos en el país es irrisoria: 23 por cada 100 mil habitantes, cuando el número debería de ser de unos 400 por cada 100 mil habitantes.
Vamos, en todo el planeta, se calcula que hay alrededor de 7 millones de científicos.
Sí, 7 millones, para una población de 8 mil millones de personas.
¿Debo de salir a las calles y exigir qué la gente se “vuelva científica”, así como ahora muchos exigen que nos volvamos inclusivos?
¿Debo de exigir qué “me traigan a los niños para leerles cuentos”, perdón, textos científicos?
Si un tipo de 100 kilos y 57 años, como yo, no pide, exige eso ¿no les va a rondar la palabra “pederastia” en la cabeza?
Entonces ¿por qué muchos lo permiten con otros adultos? Y no entró en detalles, por temor de que me tachen de alguna “fobia”.
Esto es sencillo: si yo les pido que piensen en un científico, sé sin preguntar que alrededor del 90% de ustedes pensaron en Einstein. Y lo digo sin temor a equivocarme.
Si les pido que piensen en un científico malévolo, sé que el 90% de ustedes pensaron en automático en el Dr. Víctor Frankstein. Igual, sin temor a equivocarme.
Pero ¿por qué no pensaron en el Dr. Indiana Jones, arqueólogo?
Porque ¿cómo puede un científico ser tan “aventurero”, y estar tan “guapo” (verdad, compañeras)?












