
Gran alharaca ha causado el tema de los aranceles, que van y vienen conforme Trump y su gente cercana intentan convencer al resto del mundo de su genialidad.
Otros también lo intentan, imaginando “estrategias” y “planes” que no tienen asidero en la realidad.
En esta semana, la primera de marzo, Donald Trump ha logrado depreciar el dólar en un 3% frente a las monedas más importantes, ha tirado la bolsa de valores de su país en casi un 4% y ha logrado que caiga el precio internacional del crudo en una proporción similar.
Estos últimos movimientos son señales de recesión, que confirman las estimaciones instantáneas que hace la Reserva Federal de Atlanta.
Aunque el martes dijo el energúmeno que ha logrado maravillas, la realidad dice otra cosa.
Como ya sabe usted, eso no necesariamente afectará su popularidad; la inmensa mayoría de la población vive del cuento, allá y acá.
El desastre provocó que hayan dado marcha atrás, dicen que por tres semanas, pero ya veremos.
No influyó en ello ni la estrategia canadiense ni la nuestra, aunque seguramente los gobiernos de ambos países afirmarán lo contrario.
Trudeau fue a ver a Trump antes de su toma de posesión, buscó acuerdo, respondió agresivamente, y el resultado para él es el mismo que el obtenido por Sheinbaum mediante la ausencia disfrazada de paciencia.





