El colapso como estrategia de futuro


Hoy no hay duda de que estamos ciertos, muchas dudas han quedado resueltas, al menos si nos guiamos por la forma y dirección en la que marchan los acontecimientos.
Al abandonar el lenguaje de la corrección política, lo que se escucha y se ve, es lo que hay.
Los discursos vagos plagados de buenas intenciones le abren paso a la sinceridad, la confrontación está de moda, aunque por desgracia no para la verdad, esta última y ausente sigue tan oculta como siempre.
La inclusión de toda singularidad que vino a romper la normalidad, antes considerada como un acto de justicia, ahora tendrá condiciones y limites, según la agenda de cada político y sus vaivenes.
La libertad también será dosificada.
El utilitarismo ocupa los gobiernos y los principios le ceden el paso con callada conformidad.
La indignación que causa el someterse al poder se convierte en un acto teatral que a nadie convence, pero que se ve bien y guarda la honra para mejores luchas.
Hagamos un rápido recorrido por la última semana en el mundo.
Un solo hombre ha puesto de cabeza el estado de cosas del mundo humano y todos los analistas tratan de pronosticar hasta dónde será capaz de llegar, no en sus propuestas sino en los hechos.



