
- “¿Qué horas son?”
- “Las que usted diga, Señora PresidentA, con A”.
Eran los tiempos más abyectos del priato y ahora lo son del morenato.
A diferencia de muchos de sus antecesores, Claudia Sheinbaum rápidamente se subió al ladrillo y está mareada por su poder.
Tiene, como su padre político, el potente podio mañanero para pontificar, dictar, acusar, refutar o matizar.
Como el Licenciado, tampoco parece que haga mucho más, aunque ahora se sabe que se dedica a escribir sus remembranzas de ese cambio histórico que fue recibir el bastón de mando y la banda presidencial de López Obrador (aunque lo del mando no haya sido real).
La mezcla perfecta para enaltecer a López Obrador y de paso, a sí misma.
Un título del futuro best seller que estará en el buró de todo morenista podría ser:
- “La Historia Somos Nosotros, pero sobre todo AMLO”.
Con respecto al país, la presidenta, como hizo en su tiempo el tabasqueño, ha construido un reino de caramelo a golpes de imaginación y que presenta embelesada en cuanta ocasión se le pone enfrente.
México va bien.
Científica como es, la doctora opta por los datos.
No tiene otros, una diferencia de estilo con el sexenio anterior, sino que hace una mañosa selección.
La economía, proclama, es sólida.
Sobra decir que no hace referencia alguna al crecimiento en picada, como tampoco a la inversión enfilada en la misma dirección, sino al desempleo, en niveles muy bajos, por más que la creación del empleo formal se estancó.
Exalta el nivel de las reservas del Banco de México, como si fueran algo fundamental en un régimen de libre flotación.






