Nadie puede con los desaparecidos

Cuando ya nada parece sorprendernos, la tenebrosa violencia mexicana, real, cruda y carnicera, nos abofetea en el rostro para recordarnos al México bárbaro, el que apenas se oculta bajo una delgada capa de civilidad y justicia, pero no deja de estar al acecho.
La reacción de las autoridades ha sido de manual de la política mexicana: del lado del partido oficialista Morena, el gobierno nacional de Claudia y la fiscalía general de la república (en minúsculas, por favor) se lavan las manos y culpan al gobierno estatal (de Movimiento Ciudadano) y a la fiscalía de Jalisco.
A su vez, las autoridades estatales le devuelven la cortesía de la culpa a los funcionarios federales.
Todos ellos ignoran a las madres y padres buscadores, cuya organización Guerreros Buscadores de Jalisco, realizó el hallazgo de los enterrados y cremados en un rancho que, fíjense ustedes, ya había sido investigado y resguardado por las autoridades federales y locales.
A nivel de autoridad, en México nadie puede con los desaparecidos.
Ninguno admite, por supuesto, que no puede ni quiere meterse de lleno al tema, reconocer sus responsabilidades y dar la cara a las madres y padres buscadores.
Es indispensable, entonces, acudir a las instancias internacionales.





