
El espaldarazo del Presidente de la República al gobernador de Sinaloa ha sido el más vigoroso y contundente que ha dado a cualquier pillo de su administración. Y ha dado muchos.
Ahora que la Fiscalía General de la República evidenció la fabricación de las autoridades sinaloenses para simular que el asesinato del exrector Héctor Melesio Cuén fue en un lugar distinto al señalado por Ismael el Mayo Zambada, el Presidente fue a darle su respaldo personal al gobernador Rocha Moya.
No fue solo. Llevó a la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, quien había dado por finalizados sus recorridos por el país en compañía de López Obrador.
Comprometió a la próxima presidenta de México en la protección al gobernador que ganó las elecciones con el respaldo activo del Cártel de Sinaloa, le pidió la renuncia al fiscal del estado y puso en su lugar a una incondicional que debió renunciar porque la FGR descubrió las turbiedades en el caso del crimen contra Cuén.













