¿Por qué fue un éxito en NL la gestión de recursos para la Tormenta Alberto?


La Tormenta Alberto nos dejó a los nuevoleoneses dos grandes lecciones:
- El gobierno estatal reaccionó rápido a la petición de recursos ante el gobierno federal para reparar los cuantiosos daños.
- Incita a la polémica, pero ni modo: el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) era un instrumento financiero excesivamente burocrático que daba lo mismo si existía o no. Me explicaré más adelante.
Sin necesidad del FONDEN, el gobernador Samuel García gestionó $4,810 millones, de los cuales esta misma semana llegarán al estado $1,500 millones.
Desde luego, se trata de una obligación constitucional del mandatario, pero eso no le resta méritos a su reacción rápida, que el propio ‘PRIAN’ del Congreso local se lo reconoció públicamente, tragándose sus amenazas de hace unos días de hacerle la vida imposible al mandatario nuevoleonés.
Y ahora, ¿por qué digo que era burocráticamente inútil el FONDEN? Va mi argumento.
El FONDEN se creó en 1996 como parte de la Ley de Protección Civil.

Servía para otorgar recursos para la atención de emergencias y reconstrucción de infraestructuras dañadas.
En la práctica, estos recursos federales solían tardar años para llegar a las zonas afectadas.
Se solicitaban durante un sexenio y se radicaban en el siguiente, cuando ya eran historia los huracanes, inundaciones o sequías cuyos estragos pretendía atender.
La recuperación podía tardar una eternidad.
En esta situación de la Tormenta Alberto, el gobierno estatal llenó oportunamente, “en tiempo y forma” como decimos los abogados, los requisitos e hizo el levantamiento de daños en tiempo récord.
Irónicamente, esta evaluación era un pretexto del FONDEN para dilatar la entrega de recursos, y se convertía en un verdadero viacrucis para los gobiernos estatales, que a veces no sabían ni cómo llenar un pobre formato.




