
Calderón DETONA aquí.
1.
- Todavía recuperándonos de las desveladas y los festejos navideños, apreciando los regalos recibidos y también, hay que decirlo, esperando que se hayan valorado los que obsequiamos, vivimos la postNavidad con una suerte de resaca existencial.
- Y no me refiero a la nostalgia y melancolía que muchas personas sienten por la reciente pérdida de un ser quierido, o por el recuerdo de incidentes desagradables sucedidos, precisamente, en estas fechas.
- Más bien, creo que estamos todavía abrumados por el bombardeo de estímulos recibidos en estos días.
2.
- Sin embargo, seguimos en esta inercia que nos permite vivir una Navidad disruptiva, es decir, no convencional, sin los cartabones que se repiten año con año.
- Y, más allá de nuestra experiencia en estos días previos, espero que las celebraciones no hayan sido estáticas, como si estuviéramos ante una exposición artística en un museo; tampoco ciegas y sordas ante el sentido espiritual del acontecimiento celebrado.
- Ni, mucho menos, reuniones sin impacto alguno en nuestras vidas.
- Ojalá, entonces, que hayan sido dinámicas, espirituales y comprometidas.
3.
- Siempre me ha llamado la atención la inmovilidad de los nacimientos, del pino navideño, de la corona de adviento, de los adornos.
- Por más que se coloquen luces intermitentes, o hasta una pequeña cascada de agua, las imágenes principales -José, María, el Niño Dios, los animales, los pastores y los ángeles- aparecen inmóviles.
- Y debería ser lo contrario, pues todos esos personajes tuvieron que ponerse en movimiento para la realización del gran misterio.
- La Navidad es, debió ser, esencialmente dinámica, cargada de acción, de cambio, de transformación.





