
Les platico:
Tradicionalmente conformes con la presencia norteamericana en su suelo, los panameños vivieron este fin de semana un reencuentro no muy grato con el país que usufructuó los beneficios del Canal durante casi un siglo.
Y pese a las protestas en el Casco Viejo, en las inmediaciones del Palacio Presidencial de Las Garzas, Marco Rubio no se anduvo por las ramas y advirtió al presidente José Raúl Mulino que si no frenan el avance de los chinos en la zona del Canal, habrá consecuencias.
Pregunté a algunos miembros de la comitiva del Secretario de Estado estadounidense, a qué consecuencias se refirió Rubio y no hubo respuesta.
Pero tras pasarme las líneas de control que fueron impuestas a la prensa extranjera en este país, pude averiguar que esa advertencia no tiene nada qué ver con el control del Canal.
La velada amenaza se refiere a la más grande zona franca que existe en el mundo: el puerto de Colón, donde se intercambian miles de millones de dólares al año en productos que no pagan impuestos ni en la compra ni en la venta.
Oficialmente esa zona es controlada por empresas cuyos apellidos son mayormente libaneses, griegos y judíos pero con fuertes nexos norteamericanos.
Contra lo que dice Trump a más de 3,500 kilómetros de distancia, la presencia china existe solo en una empresa que da servicio a las navieras que atraviesan el Canal, desde mediados del siglo XX.






