

Les platico:
A Lupe le gustaba leer después de que terminaba su labores en el mostrador del tendajo de su papá, en el pueblo al que llegaban los revolucionarios a comprar con sus bilimbiques.
Cada bando traía su propia moneda y así, los pesos carrancistas valían nada ante los de los villistas, por ejemplo.
Luego les platico sobre los bilimbiques, porque hoy les comparto esta otra historia.
Mi abuela Lupe se acostaba temprano porque a las 8 de la noche se apagaban los quinqués de la casa.
En su pueblo no había electricidad, solo en las propiedades de los hacendados y aún estos sufrían los apagones ADMB, Antes de Manuel Barlett.
Mi bisabuelo Amado Castillo Vidaurri hacía un recorrido por la cuartos de la casa familiar para cerciorarse de que los quinqués estuvieran apagados a la hora acordada.
Es que el petróleo que los alimentaba estaba cada día más caro.
Cierta noche en que Lupe estaba enfrascada en la lectura de su libro en turno, de la nada apareció su papá y sin decir “agua va”, le apagó el quinqué y la mandó a dormir.
Una hora después, al realizar su segundo y último recorrido por la casa, se dio cuenta de que la cama de Lupe estaba vacía.
Se alarmó y comenzó una frenética búsqueda que lo llevó al traspatio de la casa.
Sentada en medio del solar, estaba Lupe leyendo el libro que abruptamente había cerrado al quedarse sin luz en su cuarto.
Al sentir la presencia de don Amado, señaló al cielo y le dijo:
“A ver, apágueme esa”, sin voltear a verlo y señalando a la brillante y hermosa Luna llena que le regalaba su luz para poder leer en medio de la oscuridad.












