
Les platico primero la definición de uno de los conceptos más oprobiosos del ámbito laboral:
El charrismo sindical se refiere a un líder de sindicato que, en lugar de buscar el beneficio de sus compañeros trabajadores, obedece a los intereses de la empresa o de las autoridades gubernamentales.
El caso que hoy me ocupa -la FNSI- tiene como característica, que el gobierno federal actual se ha mantenido al margen, no así el estatal al mando -todavía- de Samuel García, que tolera pasivamente lo que he narrado en mis recientes entregas.
Con un agravante: periodistas de la vieja guardia pretenden servir de oficiosos intermediarios entre Jesús González Cárdenas, con los medios que criticamos esa práctica deleznable.
Subrayo el hecho de que González Cárdenas fue obligado a dejar su cargo al frente de la FNSI no por sus compañeros trabajadores, sino por sus patrones, los empresarios que le compraron en $30 millones la Toma de Nota ante la Secretaría del Trabajo en el año 2016, tal cual señalé en mi artículo anterior.
El pasado miércoles se dio el ungimiento de Felipe Vázquez Tamez, como interino y deberá convocar a elecciones para que los trabajadores voten por el nuevo secretario general.
Su toma de protesta se dio en medio de un sospechoso hermetismo, donde fue negada la entrada a medios de comunicación.
Tampoco pudieron entrar diez asesores sindicales relacionados con Rupertino García Ayala, opositor a González Cárdenas y al grupo interino al mando de la Federación Nacional de Sindicatos Independientes.






