Quid est veritas?

“No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría.” - Jean Cocteau

15 DE DICIEMBRE DE 2021
EL SEXTANTE
Por Adolfo González​
QUID EST VERITAS?

Hablábamos hace apenas una semana de esa aseveración axiomática que nos quieren vender como realidad, según la cual el hecho de que una mayoría apruebe la gestión de AMLO supone necesariamente que su desempeño es exitoso.

Hoy, como cabía esperar, los datos de SABA Consultores nos indican que el bache que presentaba la percepción sobre el Presidente en la anterior medición era pasajero.

Sin embargo, es evidente que ni la semana pasada el conductor de los destinos de México hizo o dijo más pendejadas de lo habitual que justificaran ese mal momento, ni en los días recientes ha enderezado el rumbo como para recuperar esas simpatías.

Esos altibajos circunstanciales, son normales desde el punto de vista estadístico, pero mucho más desde la perspectiva pasional, que es la que domina el pensamiento, y en consecuencia la percepción, de una mayoría de los mexicanos.

Son, como decía la canción, las cosas del querer: pa qué nos piden razones, del qué, del cómo y del cuándo.
 
Sin embargo, ni los monitoreos de SABA, ni estas humildes valoraciones son una copla de tonadillera, que es en lo que parece estarse convirtiendo la política mexicana de un tiempo acá.

La búsqueda de explicaciones es obligada si queremos tener una perspectiva racional de las cosas.

De la verdad, si así lo queremos, desde la antigua Grecia es el eje de todo el pensamiento filosófico de nuestra sufrida civilización.

Hasta Poncio Pilato le preguntó al mismísimo Jesucristo “Quid est veritas?”, en un desesperado esfuerzo por dar significado racional a la terrible decisión que sabía debía tomar.

En aquella ocasión, el gobernador de Judea optó por preguntar, de modo escasamente ortodoxo, a “la mayoría”, y conocido es el resultado trágico de aquella votación.

Hubo, claro, un beneficiado, que fue Barrabás, pero sabido es también que el resultado estaba manipulado de inicio porque los fariseos repartieron monedas para inclinar el voto a su voluntad.

Cuántas veces hemos visto, y seguiremos viendo, triunfos del Barrabás de turno por más irracional que parezca la decisión.

La cosa es que, generalmente, hay explicación.

Gustave le Bon, uno de los grandes iniciadores del estudio de la dinámica social y grupal, decía que las masas nunca han sentido sed por la verdad, pues se alejan de los hechos que no les gustan y adoran los errores que les enamoran.

Añadía que quien sepa engañarlas será fácilmente su dueño y quien intente desengañarlas será siempre su víctima.

Tal parece que, al afirmar tales cosas, el insigne sociólogo francés acababa de aplicarse el visionado de un mes seguido de mañaneras de AMLO.

Y en el caso de la adoración por el líder de México, hay un explicación que salta a la vista y que, no por incómoda, debe dejar de señalarse, porque los datos de SABA nos la evidencian una y otra vez.

Vamos allá con el desengaño.

Andrés Manuel revierte los avisos desfavorables de la pasada semana, tanto a nivel personal como respecto a su partido.

En el caso de las calificaciones altas y de la identificación con Morena se producen sendos avisos favorables, en este último caso resultando el mejor dato de los últimos seis meses.

En la pregunta concreta sobre la continuidad o no del Presidente en caso de consulta sobre su revocación, se dan también dos alertas positivas en favor de la continuidad de AMLO.

Pues bien, en los cinco casos, en los hipocentros figura propiciando los avisos favorables un grupo muy concreto: quienes reciben apoyos sociales.

De retruque, Marcelo Ebrard recibe una alerta también positiva como mejor político, auspiciada igualmente por ese mismo estrato.

Y aunque sabemos por anteriores mediciones que el canciller tiene el respaldo de grupos que ven en él una tabla de salvación como opción continuista, pero racional.

Que los perceptores de apoyos lo vean con buenos ojos nos dice que la primera característica mencionada pesa también lo suyo.
 
Nada hay de malo, en principio, en tener simpatías por aquel que nos otorga prebendas, pero que no nos lo vendan como amor, ni que nadie se incomode por la mención de esta circunstancia tan evidente.

Como corolario, podemos también indicar que quienes no reciben esos apoyos están, lógicamente, en los antihipocentros de las alertas, junto a las clases medias, naturalmente no perceptoras de esas ayudas y bastante castigadas por las palabras, los hechos y las políticas de la 4T.

Cuentan una anécdota de María Félix, según la cual, ya entrada en años andaba con un amante notoriamente más joven que ella.

Su respuesta al por qué fue antológica: dijo que de pendeja se iba a buscar uno de 90 años.

Lo que no hizo la Doña, la gran diva María Bonita, fue decir que la querencia del galán se debía a sus encantos otoñales, con ser estos, que todo hay que decirlo, infinitamente superiores a las ridículas damas actuales del bótox y el estiramiento.

Así que, don Andrés Manuel, que cada día nos quiere vender su posverdad, y sus seguidores que viven en la fantasía de que su líder es infalible, no deben engañarse.

Nada tiene de malo pagar favor con favor, pero que no nos cuenten milongas.

Con la violencia desbocada y la inflación en un 7.3 %, el peor dato en 25 años, en cualquier momento se acabará la alcancía y con ella el romance de pago.

Allá será el choque con la realidad, quién sabe con qué desenlace.

Y en cuanto a la verdad, me tomo la licencia de citar al gran poeta sevillano Antonio Machado, que también ha sido usado en alguna ocasión por el Presidente para adornar sus mañaneras: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.

Adolfo González

Analista político, historiador y diplomado en Ciencias Sociales y Jurídicas por la UJA. Ha desarrollado actividades empresariales en los ámbitos de la formación y la consultoría legal. Ha publicado colaboraciones en numerosos medios escritos y digitales. Actualmente reside en su país, España, y es especialista en el análisis e interpretación de la Metodología de SABA Consultores para la medición de la opinión pública, única en el mundo.