
Benedicto XVI y Joe Biden. Enero 5-2022. Foto Archivo DETONA.
1.
- Es muy gratificante realizar lo que nos gusta.
- El problema se presenta cuando ya no lo hacemos bien, y peor todavía cuando no reconocemos tal venida a menos.
- Por ello, siempre he admirado a quienes saben renunciar a tiempo, que cierran su ciclo en el momento justo, que dan un paso al costado cuando ya es necesario proceder.
- Con frecuencia asociado al paso de cronos, a la progresiva aparición de limitaciones y desaparición de facultades, a resultados ruinosos o a la búsqueda de nuevos retos, el retiro, cuando es voluntario, siempre será motivo de alabanza.
2.
- Hemos asistido a dos dimisiones de gran relevancia, por el indiscutible liderazgo que ocupan en el concierto internacional las respectivas instituciones a las que pertenecen:
- La de Benedicto XVI -Josep Ratzinger- al papado en 2013, y la de Joe Biden, el pasado domingo, a la candidatura del partido demócrata para contender nuevamente por la presidencia de los EUA.
- Aunque ambos son católicos, y pasaron de los 80 años en el momento de su cese hay, al menos, tres diferencias en la decisión tomada por los dos personajes. Veamos:
3.
- En primer lugar: la voluntariedad.
- Ratzinger asombró al mundo entero con su anuncio de jubilación, el 11 de febrero del 2013, que provenía de un profundo discernimiento personal.
- Nadie se lo esperaba, porque no hubo quien se lo sugiriera. No enfrentó presión alguna.
- Biden, en cambio, se animó sólo después de la insistencia en que lo hiciera tanto de familiares como de sus compañeros demócratas.
- El efecto disuasorio de su círculo más íntimo llegó solo después de que ya fuera insostenibe la candidatura.
- Aquel se fue por su propia voluntad, este tuvo que irse.



