Hacia una nacionalización
Para quienes tienen la edad y llegaron a viajar en el Pullman, como se conocía al tren de pasajeros entre la Ciudad de México y Guadalajara, los recuerdos de las pequeñas cabinas con literas o el vagón de camas individuales, junto a las cenas en el restaurante con la música metálica de las ruedas girando, aún sobreviven.
Eran siete horas de viaje nocturno, la mitad de lo que demoraba El Regiomontano hasta Monterrey, parte también de esa nostalgia de los tiempos idos, porque en 1995 el gobierno del presidente Ernesto Zedillo acabó con ellos porque la reestructuración económica del país al integrarse a Norteamérica y la falta de dinero para seguir subsidiando a Ferrocarriles Nacionales de México, condujo a su privatización.
El gobierno otorgó la concesión de la operación ferroviaria a Kansas City Southern de México, a Union Pacific Railroad, y a Ferromex, con lo cual se modificó el modelo de negocios.

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